En 1903 el párroco sancarlino, Rvdo. Espiridión Herrera, invita al sacerdote Alberto Arnold para que le ayude en la filigresía. Arnold supo que una señora llamada Juana Rosa vda. de Edwards, había donado $3.000 pesos (tres mil pesos) destinados para el establecimiento de una institución religiosa en el pueblo. Días después llega a San Carlos el Padre Benito López quien efectúa las diligencias necesarias con el fin de iniciar los trámites para la fundación de un nuevo convento de la Orden de los Trinitarios.
El lugar elegido fue el solar cedido por el Obispo de Concepción en la calle General Venegas. Enseguida, el día 2 de mayo de 1904 se inaugura un oratorio público que cuenta con la licencia del Obispo Plácido Labarca. El padre Gregorio Arrieta se lanza a la colosal empresa de construir la iglesia en el año de 1910. El Padre Arrieta invita a uno de los más eminentes prelados chilenos, fogoso y magnífico orador, Obispo de La Serena, don Ramón Angel Jara para la inauguración de la primera piedra.
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Las comunidades religiosas
Como en todos los países independientes de España, las primeras manifestaciones religiosas, sin considerar las expresiones propias de los autóctonos, estuvieron en manos de los sacerdotes católicos organizados en las parroquias.
 
La congregación de religiosos Trinitarios
En el año 1903 llegaron 2 sacerdotes trinitarios a San Carlos actuando como ayudantes de la parroquia. Tiempo después compraron un predio en la calle General Venegas, iniciando así la vida conventual en nuestra ciudad.
 
Características Principales del Convento
Una torre oscura, color cemento, como si fuere una barca con su palo mayor navegando por las celestes aguas de los cielos, se observa a varios Km. de distancia... Es una cruz que llama la atención a la mirada y pide la atención de los cristianos...
El esfuerzo de muchos que tomaron la construcción del templo como tarea propia, la donación de ripio por parte del gobierno obtenida por el Ministro de Hacienda de la época, don Guillermo Subercaseaux, el trabajo desinteresado de muchos obreros que se daban por pagados con los almuerzos que la comunidad les brindaba, las carretas facilitadas por los propietarios de tierras para transportar desde la estación de ferrocarriles, los barriles de cemento importados de Alemania. La buena voluntad de todos se vió coronada por el éxito y el 23 de enero de 1916, se bendecía solemnemente el nuevo templo construído todo en cemento armado. Es la primera edificación de esta naturaleza en todo el largo y ancho de Chile."
Mucho mayor es el mérito de esta obra si se toma en cuenta que fue construída casi en forma exclusiva por la inspiración divina; es decir, no hubo arquitecto especializado en la materia, sino que todo dependió del conocimiento y pericia de los propios sacerdotes. Los años y los movimientos sísmicos que ha debido soportar a través del tiempo han deteriorado este templo, pero con el esfuerzo de muchos, el convento luce nuevamente su imponente aspecto